miércoles, 11 de junio de 2014

El encuentro de dos gigantes...

India y China comienzan el deshielo en su relación bilateral

El ministro de Exteriores chino se reúne con dirigentes indios para hablar de cooperación y comercio

 Pekín 8 JUN 2014 - El País, Madrid, España
El ministro chino de Exteriores junto al primer ministro indio. / AP
India y China, dos países vecinos enfrentados por una profunda desconfianza mutua, parecen haber comenzado el deshielo de sus relaciones tras la llegada al poder del primer ministro indio, Narendra Modi, del partido nacionalista hindú. La ministra de Exteriores indio, Sushma Swaraj, y su colega chino, Wang Yi, se reunieron ayer domingo en Nueva Delhi en una cita que el Ejecutivo de Modi ha descrito como "un comienzo productivo" para la nueva relación. Ambos países tienen interés para que las conversaciones sean fructíferas: India quiere reducir un déficit comercial de 40.000 millones de dólares (29.300 millones de euros) dentro de su programa para reactivar la economía nacional y China, inmersa en altercados territoriales marinos al sur y al este, busca estabilizar los lazos a su oeste. Aunque entre ambos se interpone la disputa sobre el trazado de la frontera común de 3.400 kilómetros entre Pekín y Nueva Delhi.
La visita de dos días de Wang a Nueva Delhi, que incluirá hoy lunes una reunión con Modi, representa el primer contacto de alto nivel entre los dos países desde la investidura del primer ministro indio. China quiere “consolidar" la "amistad actual" que hay entre ambos estados "y explorar una mayor cooperación”, según explicaba Wang en una entrevista que publicaba el domingo el diario indio The Hindu.
El portavoz de Exteriores indio, Syed Akbaruddin, aseguró en una rueda de prensa posterior a la cita entre ambos mandatarios que el diálogo había sido “productivo y constructivo”. “Desde nuestro punto de vista, este es un comienzo productivo entre el nuevo Gobierno de India y China”, agregó. A lo largo de este año habrá media docena de visitas ministeriales o de mayor rango.
Sigue la disputa sobre el trazado de la frontera común de 3.400 kilómetros
Los dos ministros hablaron, sobre todo, de comercio. El intercambio bilateral alcanza ya los 70.000 millones de dólares (51.300 millones de euros) y los dos Gobiernos aspiran a elevarlo a los 100.000 millones para 2015. Pero India arrastra un déficit comercial de 40.000 millones de dólares, frente a los 1.000 millones de hace apenas 12 años. Modi, que obtuvo una amplia victoria electoral debida en buena parte a sus promesas de relanzar la economía, quiere recortar ese déficit y ganar un mayor acceso a los mercados chinos.

Wang ha asegurado, en su entrevista a The Hindu, que el potencial de cooperación es “como un gran volcán que se prepara para una enorme erupción” y da la bienvenida a una entrada a los mercados chinos de las empresas indias más competitivas. Otra posibilidad es la inversión china en parques industriales indios.

Para ello, tendrá que vencer la enorme suspicacia reinante entre los dos países. El propio Modi advertía durante su campaña electoral sobre la “mentalidad expansionista” de China. Y su consejero de Seguridad Nacional, Ajit Doval –con quien el ministro chino también tiene previsto reunirse hoy– ha escrito en los últimos años que China ha apoyado con armas y dinero a grupos insurgentes en la frontera india.

Precisamente es la cuestión fronteriza la que más alimenta esa desconfianza. Ambos países ya libraron una guerra en 1962 por ella, en la que China se impuso con rotundidad.
La disputa se trató ayer en la conversación entre ambos ministros, y es posible que se aborde de nuevo en la reunión con Modi. Wang trató de restarle importancia, al declarar que “hay asuntos que no se pueden evitar, pero se pueden encontrar respuestas innovadoras”.
China tiene un gran interés en tender puentes con el nuevo gobierno indio. De hecho, el primer ministro chino, Li Keqiang, fue el primero en felicitar a Modi tras su triunfo. En juego están no sólo intereses comerciales, sino también geoestratégicos. Dado el tono cada vez más intenso de sus disputas territoriales en el mar del Sur de China y con Japón, Pekín necesita, cuando menos, una relación estable con el resto de sus vecinos. Un estrechamiento de los lazos entre India y Japón, por ejemplo, le dejaría en una incómoda pinza. E India –que mantiene un acuerdo petrolero con Vietnam– es también clave en uno de los proyectos estrella de la política exterior china, la 'Ruta Marítima de la Seda' que planteó Xi Jinping en su gira por el sureste asiático el otoño pasado.
Esa ruta busca aumentar la conexión –y la influencia– de China hacia mercados en el Índico, mediante el desarrollo de puertos e infraestructuras en países como Birmania, Bangladesh, Sri Lanka y naciones africanas. El apoyo de India, o al menos la neutralidad de ese país, y la estabilidad en el subcontinente son básicos para esa estrategia.

lunes, 14 de abril de 2014

Las tribulaciones de la mayor democracia del mundo...

Elecciones sin miedo en India

Un distrito organiza un gran despliegue de seguridad para proteger a los votantes de los ataques de una tigresa

 Bijnor 10 ABR 2014 - El País, Madrid, España
Una mujer vota en las elecciones indias este jueves. / MUKESH GUPTA (REUTERS)
Enormes trampas que parecen ratoneras, pero que tienen un cerdo de carnada. Un grupo de tiradores de dardos tranquilizadores. Decenas de funcionarios empleados en áreas forestales en alerta. Este es parte del operativo que se ha preparado en Bijnor, un distrito del norteño Estado de Uttar Pradesh (India), para proteger a los votantes de la reina del misterio, una tigresa que en diciembre desató la alarma entre la población. Desde entonces ha matado a siete personas, de las que se ha comido a dos casi enteras.
Bijnor, con 3,6 millones de habitantes, es uno de los distritos que eligieron este jueves a sus representantes en la tercera de las nueve fases de las elecciones a la Cámara baja. Unos comicios con 814 millones de electores, que duran desde el pasado lunes hasta el 12 de mayo y en los que el opositor Partido Bharatiya Janata (BJP) parte como claro favorito con Narendra Modi a la cabeza.
“Tengo miedo hasta de ir a trabajar a nuestro campo. Mi padre estaba trabajando allí cuando la tigresa lo atacó”, dice todavía consternado Krishna Kumar, de 16 años, el hijo de la penúltima víctima, que murió a finales de enero. Sus vecinos fueron a votar, pero todavía con temor. Pero no todos los vecinos de este distrito tienen el mismo miedo en vista de que los electores acudieron en masa a votar en el primer día grande de las maratonianas elecciones indias. El jueves se votaron 92 de los 543 escaños.
“Tengo más miedo de los políticos que de la tigresa: esos sí que pueden afectar a mi vida”, dice medio en broma medio en serio Abdul Salaam, un trabajador de la construcción. Como la gran mayoría de los musulmanes (el 13% en este país mayoritariamente hindú), Salaam dice que no votará por el favorito Modi. El candidato del partido nacionalista hindú BJP es muy polémico. A pesar de que durante sus mandatos al frente del Gobierno del Estado de Gujarat, la economía ha crecido aceleradamente, persisten los recelos por su inacción durante los graves enfrentamientos interreligiosos ocurridos allí en 2002 que acabaron con cientos de musulmanes muertos.
Las batallas comunales recientes más graves ocurrieron en Uttar Pradesh en septiembre pasado. Murieron más de 60 personas y otras 50.000 resultaron desplazadas, la mayoría musulmanes. Uttar Pradesh, que es el Estado más poblado de India y tiene 80 escaños, será definitivo en la lucha del BJP de Modi para derrotar al gobernante Partido del Congreso de Rahul Gandhi. Aunque el cachorro de la dinastía Gandhi no ha sido proclamado oficialmente cabeza de lista, se da por hecho que sería el primer ministro de ganar las elecciones su partido.
Pushpender Singh, un estudiante de economía de 22 años, vota por primera vez en estas elecciones, como 100 millones de indios que cumplieron la mayoría de edad en los últimos cinco años. Explica que lo que los jóvenes buscan es tener empleo, que mejoren las carreteras y que disminuya la pobreza. Uttar Pradesh es uno de los Estados más pobres de India y aquí ha calado la promesa de desarrollo económico de Modi, que ha atraído mucha industria e inversión extranjera a Gujarat. El Partido del Congreso ha prometido pensiones para los ancianos y los discapacitados, sanidad universal y vivienda para todas las familias por debajo del umbral de la pobreza.
Las elecciones se celebran en nueve fases por motivos de logística y seguridad. En los colegios se pueden ver fuertes dispositivos de policías y militares. En la madrugada de ayer ocurrió el primer incidente durante los comicios: dos soldados murieron por la explosión de una mina en Bihar, un Estado con fuerte presencia de la guerrilla maoísta.
Pero en Uttar Pradesh hasta ahora todo marcha con normalidad. Los indios acuden a votar orgullosos de tener la democracia más grande del mundo. Poorva Singh, de 20 años, revela que en su primera vez votó por el partido que le pareció que ayudaría a mejorar la situación de la mujer, un tema muy sensible en India desde diciembre de 2012, cuando una universitaria murió tras ser violada por un grupo de hombres en un autobús en Nueva Delhi.
La tigresa, denominada la reina del misterio por su facilidad para matar y escapar, no le infunde ningún miedo. “Es algo que pasa porque las personas hemos quitado el territorio a los animales. Pero son accidentes aislados. Tenemos otras preocupaciones más graves”, recalca.

Una introducción al subcontinente indio

India crece por la noche

Un caso de éxito privado y fracaso público, la vecindad con China le da importancia geopolítica

 11 ABR 2014 - El País, Madrid, España
1.240 millones de habitantes, seis veces y media la extensión de España, encajonados entre la cordillera más alta del mundo, el Himalaya, y el oceáno Índico; demasiado diverso para hablar con una sola voz, muy regionalizado, muy joven: el 50% de la población tiene menos de 26 años. India, la primera democracia del mundo. Sus 815 millones de electores, la suma de la población de Europa y Estados Unidos, comenzaron a votar el pasado lunes y lo seguirán haciendo hasta el 12 de mayo. Churchill, protagonista del imperio británico que colonizó la India, decía que este país es solo un término geográfico.
Puntal del mundo emergente, India mezcla la modernidad, el software más avanzado de los campus tecnológicos de Bangalore, donde las grandes multinacionales externalizan sus servicios, con un sistema social jerarquizado de castas y la miseria más aguda. Los votantes se sienten frustrados por el Gobierno central de Nueva Delhi, que no resuelve el acceso a una buena educación y sanidad para todos, y es lento en sacar a flote al sector más oprimido de la población, aunque 140 millones de pobres extremos han abandonado esa categoría en la última década. En India la venalidad es rampante: el negocio de los políticos es la corrupción.
El voto se compra regularmente, a menudo simplemente con el reparto gratuito de alcohol el día de la votación. Hace solo un lustro, India era un país de moda que crecía al 9%, sinónimo de modernidad y vitalidad. La economía ha reducido su crecimiento a un 5%. La burocracia y el intervencionismo agostan a la iniciativa privada. Las violaciones de mujeres ofrecen una imagen penosa del país. El Tribunal Supremo ha restaurado una ley colonial para criminalizar la homosexualidad.
Se extiende la idea de una India interrumpida, un gigante que tropieza. Y un hartazgo de la dinastía política gobernante de los Nehru / Ghandi, el partido del Congreso, laico, que según las encuestas perderá el poder. Previsiblemente en beneficio del BJP, el partido nacionalista hindú y de su polémico líder Narendra Modi. Pesa sobre él la acusación, nunca probada judicialmente, de haber atizado el odio étnico de los hindúes hacia los musulmanes (un 13% de la población) en pogromos que provocaron la muerte de cientos de musulmanes en 2002. Promete empleo para la enorme bolsa de jóvenes que cada año se agolpan a las puertas del mercado laboral.
India no es un jugador mundial, posee armas nucleares, y mantiene su viejo no alineamiento, equilibrando sus relaciones con Estados Unidos y Rusia. Su vecindad con China le concede una enorme importancia geopolítica de contrapeso en el orden internacional, mientras que sus fronteras con Pakistán, también una nación atómica, son fuente de fricción. Pakistán es solo un enemigo, China es el adversario, dicen en India. A diferencia de China, un país con un Estado fuerte y una sociedad débil, India es un caso de éxito privado y fracaso público. Se dice que India crece por la noche… cuando el Gobierno duerme, la Italia de Asia.
fgbasterra@gmail.com

jueves, 13 de febrero de 2014

La India, cuarto mercado de carros en el mundo

El ‘Bollywood’ del automóvil

India se convertirá en el cuarto mercado mundial

En 2013 se vendieron 2,3 millones de coches y en 2020 se espera llegar a los nueve

Las marcas occidentales anuncian modelos específicos para seducir a las nuevas clases medias

Renault presenta el Kwid, un minitodoterreno futurista, y Ford el Figo, una pequeña berlina

 Nueva Delhi 6 FEB 2014 - El País, Madrid, España
Renault Kwid, en el Salón de Nueva Delhi / M. G. B.
Nueve millones de coches en juego y cada vez más actores peleando por hacerse un hueco en el complicado entramado del Bollywood del automóvil. Y de fondo, como decorado, el Salón de Nueva Delhi, peculiar escenario del casting en el que los aspirantes muestran sus méritos para ganarse los mejores papeles del reparto en una encarnizada batalla que no ha hecho más que empezar.
El mercado indio cayó 300.000 unidades en 2013, desde 2,6 millones a 2,3, y aun así, casi cuadruplicó las ventas del mercado español del año pasado. La bajada se interpreta sin dramatismo, más bien como un pequeño descanso previo al asalto de la barrera de los tres millones. Este objetivo podría alcanzarse en 2015 y solo sería una estación de paso si se cumplen las previsiones de algunos expertos, que anuncian un crecimiento exponencial hasta los nueve millones de unidades en 2020.
India se postula como cuarto mercado mundial en la próxima década, solo por detrás de ChinaEE UU y Japón. Así que ningún fabricante de automóviles se puede permitir el lujo de perder su oportunidad. Hasta ahora, los protagonistas principales de esta película de éxito son la alianza indio-japonesa formada por Maruti y Suzuki, que dominan desde hace décadas y concentran casi un 45% de las ventas. El éxito de sus coches pequeños, con una variada gama de modelos de menos de cuatro metros de longitud (por encima de este tamaño el impuesto de los automóviles pasa del 12% al 24%,, a lo que hay que sumar después un IVA del 10 al 20% según cada estado) muestra el camino a los recién llegados. De hecho, el pequeño Suzuki Alto, que se vende desde unos 2.500 euros, es el líder de ventas en India con 250.000 unidades y su hermano el Swift, más grande y caro, suma otras 220.000 unidades. Entre los dos, copan el 20,4% del mercado.
La única alternativa consistente a tan aplastante dominio viene de los coreanos de Hyundai, que tienen ya un 15,4% del mercado y presentan en Nueva Delhi el Xcent, la versión larga con maletero separado delcoche de ciudad i10 que se vende en Europa.
Renault Kwid.
Las demás marcas se reparten papeles secundarios, aunque algunas con aspiraciones justificadas. Es el caso de Renault (2,6% de cuota y noveno puesto en el mercado), que está triunfando con el Dacia Duster, el todoterreno económico que fabrica en india y vende allí con el escudo de la marca del rombo (a diferencia de en Europa) y el marchamo de haber sido Coche del Año en India en 2013. La casa francesa protagoniza la muestra de Nueva Delhi desvelando un sugerente todoterreno de bolsillo denominado Kwid, con apenas 3,61 metros de largo, que se muestra como prototipo y sorprende por su vanguardismo estético. Ha sido diseñado por un equipo multinacional y destaca por su imagen futurista. La originalidad se mantiene también en el interior, con una configuración de 1+2+2 asientos, que sitúa al conductor en el centro, por delante de los dos pasajeros de los lados y escoltado por otras dos plazas atrás. Aparte de su creativa presentación, equipa un motor 1.2 turbo de gasolina y 120 CV con cambio automático de seis marchas y doble embrague EDC, aunque está ya preparado para alojar un motor eléctrico y sus correspondientes baterías.
VW Taigun.
La propuesta de Volkswagen (2,5 % de cuota y décimo puesto en ventas) es el Taigun, un Tiguan en miniatura de 3,99 metros de longitud que se muestra también como prototipo y evoluciona al coche concepto presentado en el pasado Salón de Sao Paulo, ahora con una imagen más cercana al futuro modelo de serie, según el fabricante. Incorpora una nueva mecánica 1.0 turbo de la marca con tres cilindros e inyección directa, y rinde 110 CV. Pero como destaca por su ligereza -pesa solo 998 kilos- ofrece un rendimiento notable para su potencia: acelera de 0 a 100 km/h en 9,2 segundos, alcanza 186 km/h y anuncia un consumo medio de tan solo 4,7 litros.
Tata Bolt / M. G. B.
La alternativa de Ford (3,2% de mercado y séptimo puesto) es el Figo, un prototipo con base Fiesta que añade un maletero separado para cumplir la hoja de ruta de la silueta más valorada en los países emergentes.
Por lo demás, hay que destacar al Bolt, el estreno de Tata, otro de los actores locales (5,7% y cuarto lugar en ventas, por detrás de Toyota y su 5,9%), aunque en horas bajas por el fracaso del Nano, el coche de los 1.000 dólares que se empezó vendiendo en India por 1.150 y va ya por los 2.300 acumulando caídas de ventas: ha pasado de 80.000 unidades en 2012 a 20.000 en 2013. El Bolt es la nueva generación del Vista, un utilitario que también se vende en España, y aparte de mostrar una línea más actual y acabados mejorados, cuenta también con una versión con maletero aparte, como demanda el mercado indio. Y es noticia también el lanzamiento de Datsun, la nueva marca low cost de Nissan, que presenta aquí el Go, un urbanita económico que será su primera propuesta y se venderá de momento solo en India e Indonesia.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

En ocasión del Quinto Centenario del descubrimiento del Océano Pacífico

El sueño del paso a la India

En una carta fechada el 20 de enero de 1513 Vasco Núñez de Balboa da cuenta al rey de España de grandes secretos: el principal es el oro

 24 SEP 2013 - El País, Madrid, España
'Toma de posesión de la Mar del Sur' de Vicente Urrabieta. Museo Naval. Exposición La exploración del Pacífico. 500 años de historia' que exhibirá Casa de América en Madrid, del 2 de octubre al 2 de febrero de 2014.
En una carta fechada el 20 de enero de 1513 Vasco Núñez de Balboa da cuenta al rey de España de “las cosas y los grandes secretos que en esta tierra hay, de que Dios os ha hecho dueño, y a mí me las ha dejado descubrir primero que a otro ninguno”. Al señor, entonces, de toda aquella tierra le confía Balboa los secretos que él ha sabido desentrañar “con buena industria y muchos trabajos”. Los secretos son dos: uno, que por fin, en el oeste del Darién, ha encontrado una tierra donde hay oro en abundancia, de la cual ha hecho ya la separación del quinto real; dos, que los caciques le han contado que más allá de sus provincias, a solo tres jornadas de marcha hacia el sur, hay otro mar en cuyas costas e islas el oro es más abundante aún. Allá, “en la otra mar”, los ríos fluyen cargados de grandes pepitas de oro, en los cauces de los arroyos secos el oro se coge sin siquiera cavar, abierto como está a quien quiera tomarlo; el oro, por otra parte, es tanto que se lo guarda en tarimas hechas de ramas, porque guardarlo en cestas sería imposible, y los nativos lo tienen en tan poco que los cambian con los extranjeros por algodón. Para llegar hasta allí, y apoderarse de esas riquezas fabulosas todo lo que Balboa necesita es un refuerzo de quinientos hombres de la isla Española, cuyo envío ruega al rey.
La carta va y viene sin mayor orden entre protestas de fidelidad, descripciones de sus padecimientos al marchar entre las ciénagas y los ríos caudalosos, la seguridad de que lo que le han contado es cierto, la exaltación de su conducta justa en el reparto de los bienes habidos y de su habilidad para sonsacar a los indígenas; como en una película porno, cuyo escaso argumento es desarticulado cada dos por tres por “la cosa en sí”, el discurso cada tanto se deshilacha como tal y retorna obsesivamente a la palabra “oro”, el oro del que están hechas las vasijas del otro mar, las piezas de oro que los caciques del otro mar guardan en sus casas en abundancia tal “que nos hacen estar a todos fuera de sentido”. Solo tiene una disposición más o menos estratégica en la carta la rogativa final, de que los hombres que se le envíen no sean bachilleres en Leyes “porque ningún bachiller pasa acá que no sean diablo y tienen vida de diablos, y no solamente ellos son malos más aún hacen y tienen forma por donde haya mil pleitos y maldades”.
Razón tenía el mínimo hidalgo Vasco Núñez para pedir esto último: él mismo había puesto preso y enviado a la fuerza de regreso a España a un bachiller designado por el Rey, y perdería unos años después la cabeza ejecutado por otro. Entre medio, y sin esperar la ayuda pedida, se lanzó a la conquista de aquellas otras costas del aquel otro mar rebosante de oro, y ganó para sí el título de haber sido el primero en divisar el Pacífico. Stefan Zweig ha relatado en una deliciosa miniatura la historia de aquella aventura, de aquella fuga hacia adelante, hacia la riqueza, que debía redimir a Balboa de las acusaciones de rebelión que pesaban sobre él. Debía redimirlo, pero no lo redimió: a la postre el descubrimiento ni lo hizo rico ni le salvó la vida; irónicamente, esa misma carta del 20 de enero, llegada al Rey casi un año más tarde, después del descubrimiento del Pacífico, dio origen a la expedición de Pedrarias que había de prender y decapitar a Balboa. El oro, el quinto real que acompañaba a la carta, se perdió en algún lado, igual que un indígena que Balboa enviaba con el oro para que explicara, lenguaraz mediante, cuánto más había en los territorios recién conquistados.
Si los motivos y la aventura de Vasco Núñez han sido magistralmente tratados por Zweig, reescribiendo las crónicas de Pedro Mártir y de López de Gómara, algunas otras partes de la historia aún dejan espacio para algunas preguntas. ¿Por qué llamó Balboa “Mar del Sur” al que había descubierto? La razón más obvia —porque cruzó el istmo que hoy llamamos de Panamá de norte a sur para llegar al Pacífico— podría no ser la única. Hay que recordar que a su muerte Colón todavía creía haber descubierto el camino a la China por el oeste. Por muchos años América siguió siendo, salvo para unos pocos estudiosos, un continente fantasma, una estribación del Asia o una barrera un tanto incómoda para llegar a las Islas de las Especies. En su primer viaje, acompañando a Alonso de Ojeda, Vespucio navega miles de kilómetros al sur, hasta la Patagonia, buscando el mítico Cabo de Cotigara que Ptolomeo describiera a partir de los relatos de Marco Polo; o sea, el punto que al sur de la China daba paso al estrecho que llevaba a la India. Solo más tarde logra calcular, sin instrumentos pero con asombrosa exactitud, el diámetro del Ecuador terrestre con menos de 80 kilómetros de error; era el mismo cálculo que habían hecho los griegos dos mil años antes, y el que manejaban los geógrafos de los Reyes Católicos que tanto desconfiaron, con razón, de que Colón pudiera llegar a las Indias en uno o dos meses de navegación. Un cálculo así destruía la idea de que América era el Cipango o el Catay de Marco Polo, forzando a pensar en un nuevo continente.
Modelo de carabela Pinta de 1989.
Sin embargo, lo que España quería era hacer por el Oeste lo que los portugueses habían logrado por el Este, obtener un paso marítimo a las Indias, y este deseo era lo bastante imperioso como para dominar la realidad: las tierras descubiertas tenían que ser el Asia o estar cerca de ella, o, más precisamente, ser la India, o estar muy cerca ella. El deseo o, si ustedes quieren, el sueño, se sobrepone a los cálculos de los geógrafos y, de paso, modela el lenguaje: durante siglos la Corona promulga Leyes de Indias, convoca a su Consejo de Indias y aún hoy nos hacemos un lío para distinguir los indios de la India de los indios americanos. Es inevitable pensar que la idea del paso austral de la China a la India pesara sobre el nombre de Mar del Sur que Balboa impuso al Océano descubierto. En este nombre, América sigue siendo una suerte de fantasma, de delgado paso entre los mares, aunque a la postre, al cabo de unas décadas, el mismo hecho del descubrimiento del Pacífico terminara por configurar a ese fantasma en un ser real.
La alucinante historia de la violencia y las penurias sufridas e infligidas por Balboa, marchando entre los manglares y las montañas, lanzando su pólvora y sus perros sobre los indígenas, “tomando posesión del mar” metido en él hasta la cintura en una escena que oscila entre lo ridículo y lo sublime, muriendo al fin decapitado, toda aquella pesadilla invita a la reflexión sobre el oro, el oro “que nos hace estar a todos fuera de sentido”*. Más allá de los motivos de Balboa y de los desesperados que lo acompañaban, más allá de la competencia de poder de los reinos de España y Portugal, el oro aparece cargado de un plus: es otra vez, como el paso del sur, un sueño, el sueño español de prolongar su Edad Media en los siglos por venir. Si el descubrimiento de América que Colón inicia y Balboa sin saberlo completa abrió paso a la Edad Moderna, no lo hizo de un modo uniforme: para España, que venía de terminar la guerra al moro, significó la posibilidad de seguir siendo unos siglos más una nación guerrera, una nación en la que el comercio y la industria eran incompatibles con la nobleza, aún con esa pobre nobleza que era la hidalguía. La España que el oro americano prolonga fluyendo desde América hasta la Europa protocapitalista es la España del Quijote, una nación envuelta en una ensoñación arcaizante. Las expresiones de ese sueño van desde la noble locura del hidalgo hasta la Disneylandia pseudomedieval de Cáceres, una ciudad donde los indianos se construyen palacios de muros espesos como fortalezas militares, ya no para defenderse de nadie sino para darse el gusto.
Un gusto caro: había de pagarlo, a la larga, la propia España, entrando a la modernidad tardía y desacompasadamente*.
En una versión especular, pero curiosamente coincidente con este quedar “fuera de sentido” el príncipe Panquiaco habla de la “ceguera y locura” que el oro genera en la mente de los españoles. Cuando estos, tras recibir unos 1250 kilos de oro de regalo de su padre el rey, empiezan a reñir por el reparto. Panquiaco se da un puñetazo en el pecho, derriba la balanza en que estaban pesando el oro y da uno de los más hermosos discursos que tengamos en la historia de Indias: “Si yo supiera, cristianos, que sobre mi oro habíades de reñir, no vos lo diera, ca soy amigo de toda paz y concordia. Maravíllome de vuestra ceguera y locura, que deshacéis las joyas bien labradas por hacer de ellas palillos, y que siendo tan amigos riñáis por cosa vil y poca. Más os valiera estar en vuestra tierra, que tan lejos de aquí está, si hay tan sabia y pulida gente como afirmáis, que no venir a reñir en la ajena, donde vivimos contentos los groseros y bárbaros hombres que llamáis. Mas empero, si tanta gana de oro tenéis, que desasoseguéis y aun matéis los que lo tienen, yo os mostraré una tierra donde os hartéis de ello”. Este es el punto de la historia, tal como la narra López de Gómara, en que Balboa recibe la noticia de “otro mar” donde viven gentes riquísimas en oro. Es sugestivo que la noticia haya surgido así, del ataque de ira de Panquiaco, que quizás a esa altura solo quería enviarlos más allá de su propia tierra. Por otra parte, habrá que esperar unas cuantas décadas hasta que las mejores cabezas de Europa, como Montaigne, introduzcan la discusión acerca de qué es pulimiento y civilización y que es ser bárbaro y grosero (cfr. Jean Starobinski, Remedio en el mal, Madrid, La Balsa de la Medusa, 2000).

lunes, 16 de septiembre de 2013

Un mártir del credo racionalista...

Narendra Dabholkar, activista de la ciencia en una India supersticiosa

Promovió el pensamiento científico ante las tradiciones dañinas para la gente

 Nueva Delhi 30 AGO 2013 - El País, Madrid, España
El activista Narendra Dabholkar, en 2008. / ASSOCIATED PRESS
Narendra Dabholkar, reconocido activista contra la superstición y la magia negra en India, fue asesinado. La mañana del pasado 20 de agosto el racionalista, de 67 años, paseaba por la ciudad de Pune, la ciudad más rica y cosmopolita en el Estado de Maharastra después de Bombay, al oeste del país. Fue entonces cuando varias balas disparadas por dos hombres desde una motocicleta alcanzaron su espalda y cuello. Irónicamente su cuerpo quedó cerca de un templo, tendido en un charco de sangre. El Gobierno apuntó indirectamente a los grupos radicales que lo tachaban de antihinduista por su trabajo de más de dos décadas promoviendo un pensamiento científico y crítico y oponerse a “las dañinas supersticiones que explotan a la gente”.
Fue muy triste para quienes lo conocían, pero no era tan sorpresivo. “Él y todos sabíamos que corría el riesgo de ser asesinado por su trabajo. A algunos no les convenía que él se opusiera a que siguieran engañando a miles y miles de personas”, explica por teléfono Purushottam Patil, que lo conocía desde hace 30 años.
Dabholkar escribió el proyecto de ley que pedía acción legal contra los santones que extorsionen a la gente con magia negra o vudú, que aseguran ser encarnaciones de dioses, tener poderes divinos o capacidad para curar diferentes males. Este proyecto de ley, que es el primero de este tipo en India, lleva pendiente ocho años. Pero al día siguiente de la muerte de Dabholkar el Gobierno del Estado se apresuró a pasar una ordenanza para prohibir los rituales y la magia negra, que todavía tiene que ser aprobada por el Parlamento.
La muerte del activista fue comparada con la del Mahatma Gandhi, padre de la nación. “De la misma forma que la voz de Gandhi fue reprimida, los puntos de vista y poder de Dabholkar fueron asesinados por gente que no está de acuerdo”, declaró el gobernador de Maharastra, Prithviraj Chavan, a pesar de que el activista lo había criticado recientemente en una rueda de prensa por no apresurar la legislación.
Su muerte representa un duro golpe para el racionalismo y para todos los que quieren un cambio progresista en India. La gente salió a manifestarse de forma espontánea tras su asesinato y fue convocada una huelga en el Estado. Incluso grupos de los que se oponían al trabajo de Dabholkar hicieron públicos sus comunicados en los que manifestaban conmoción y que, aunque estaban en desacuerdo con sus pensamientos ateístas, “su oposición es de carácter democrático y en base a la ley”.
Dabholkar estudió medicina y la ejerció a tiempo completo durante una década, pero con el tiempo quiso dedicarse a otras causas sociales. Sin embargo, seguía atendiendo a gente pobre de forma gratuita y muchas veces también les daba dinero para que compraran sus medicinas. Escribía y editaba una revista contra la superstición. Fundó la Maharashtra Andhashraddha Nirmoolan Samiti, (el comité para la erradicación de la fe ciega) que tiene unas 200 filiales en tres Estados de India. Pero también trabajó con pasión para muchas otras causas, entre ellas la aceptación de los matrimonios entre personas de diferentes castas y la conservación del medio ambiente.
Por eso su familia decidió no tirar sus cenizas en un río, como es la tradición. Durante su vida trató de convencer a la gente para que detuvieran este tipo de práctica porque contamina el agua. Sus cenizas serán esparcidas en su casa de campo, donde su mujer cultiva frutas y flores de manera orgánica.

Tiempos tormentosos en la India

La economía disipa los sueños de superpotencia de la India

 Nueva Delhi 3 SEP 2013 - El País, Madrid, España
Varias personas indias caminan junto a un símbolo de la divisa nacional, rupia, dibujada en la arena por el artista Sudarshan Pattnaik en la playa de Puri. EFE/Archivo / EFE

La India no se preguntaba si se convertiría en una superpotencia sino cuándo ante un futuro que se presentaba lleno de promesas: unas expectativas que ahora se disipan ante el enfriamiento de la economía y la caída de la rupia.
El crecimiento del país asiático se ralentizó al 4,4 % en el segundo trimestre del año, el ritmo trimestral más bajo desde 2009, y lejos del 9,5 % del mismo periodo de 2010.
Ese mismo año el presidente estadounidense, Barak Obama, y el primer ministro británico, David Cameron, trataban de seducir a la India en visitas llenas de grandes alabanzas: buscaban compartir la prosperidad de un país que planeaba inversiones millonarias en infraestructuras y armamento, entre otros sectores.
Mientras Occidente se hundía en la mayor crisis económica en décadas y el futuro europeo y estadounidense se oscurecía, la India se enfrentaba a un futuro brillante tras dos décadas creciendo a una media de 7 %, solo por detrás de China.
Pero la conversación nacional de la India ha pasado de discutir el futuro con optimismo a recordar el pasado con pesimismo.
El enfriamiento de la economía ha revivido la crisis de 1991 cuando el país asiático contaba con solo dos semanas de reservas de dólares y se vio obligado a abrir su economía a cambio de créditos del Fondo Monetario Internacional.
Las circunstancias de la India son más sólidas que en los años 90, algo que el primer ministro Manmohan Singh se apresuró a recordar en el Parlamento cuando afirmó recientemente que el país tiene reservas de dólares para seis meses.
Pero la tercera economía asiática -tras China y Japón- se enfrenta a su peor situación económica en dos décadas.
La rupia ha registrado continuos mínimos históricos frente al dólar en los últimos meses -ha llegado a perder un 20 % desde enero-, lo que ha empujado al déficit por cuenta corriente al 4,8 % y la inflación al 5,8 %.
La caída de su divisa es en parte consecuencia de la decisión de la Reserva Federal de poner fin al plan de estímulo monetario con la compra de Bonos del Tesoro, medida que ha llevado a los inversores a retirarse de las economías emergentes.
Esta medida también ha perjudicado a otras economías emergentes como Indonesia y Brasil, cuyas divisas también se han devaluado en los últimos meses.
Pero la pérdida de valor de la rupia, la moneda que más se ha depreciado frente al dólar, también refleja desconfianza en una economía que ha pasado de crecer a un 8 % de media en la última década a un 5 % en el último año fiscal que acabó en marzo de 2013.
La ralentización de la economía se explica con la caída de las manufacturas y el estancamiento de la industria y solo crece la agricultura, que representa menos de un 20 % del Producto Interior Bruto.
Algunos analistas señalan a Singh, padre de las reformas económicas de 1991 como ministro de Finanzas, por no tomar medidas liberalizadoras, no mejorar las terribles infraestructuras y llevar a cabo caros proyectos sociales.
"El Gobierno de Singh no ha aprovechado buena parte de la última década para asentar las bases para el crecimiento futuro", dijo a Efe el analista Nitin Pai, quien añadió que "los problemas de la economía india son locales".
Las indecisiones del Gobierno también han creado incertidumbre en torno al país asiático.
Hace dos años la India permitió la inversión exterior en supermercados y grandes superficies, una decisión que esperaban empresas como Walmart e Ikea.
El Gobierno revocó la medida para poco después volver a dar el visto bueno pero exigió a las compañías inversiones en infraestructuras y que un 30 % de sus productos fuesen locales.
A día de hoy ninguna multinacional del sector minorista está presente en la India, que esperaba que éstas modernizasen la infraestructura y la agricultura, de la que todavía depende dos tercios de los 1.200 millones de indios.
Y es que el crecimiento ha creado poco empleo en el país, que no ha seguido el modelo de producir manufacturas para la exportación como otros países asiáticos cuando salían de la pobreza como Corea del Sur, Japón o China.